La historia de Jacinto López es una de esas que empiezan casi por casualidad, pero que acaban siendo de película. Con 86 años, es un asiduo en el Real Club Recreativo de Tenis de
Huelva. La edad no es un límite para él, y las analíticas le salen "como a un chaval de 20 años", cuenta entre risas.
Su camino en el deporte no empieza con una raqueta, sino con la velocidad. Antes de descubrir el tenis, participaba en campeonatos de velocidad en el cuerpo de la Policía Nacional, donde prestaba servicio en Bilbao. Allí se proclamó subcampeón nacional solo por detrás de un compañero valenciano. También probó suerte en el fútbol. Concretamente en el equipo de su pueblo, el Aroche. "No era un gran futbolista", admite, pero su rapidez lo convertía en un extremo difícil de frenar. Fue en la terraza del club de tenis, viendo jugar a los socios, donde le entró el gusanillo del tenis. Ahí empezó todo. "Pensé que era un deporte con menos riesgo y me animé", comenta.
Empezó muy tarde, con 40 años, y al principio nadie quería jugar con él. Nadie le enseñó. Todo lo que aprendió, lo hizo "de manera autodidacta", como él mismo recuerda. Fue gracias a un compañero, Dionisio Pérez, con quien comenzó a intercambiar sus primeras pelotas. Tres meses después, ya le ganaba. "Ahí me di cuenta de que podía ser bueno", dice. No tenía un estilo ortodoxo, pero sí una intuición especial. Su juego se basaba en la resistencia, la velocidad y una combinación letal: dejadas y globos. "Mareaba a los rivales, no sabían por dónde les iba a salir", explica.
Durante años compitió con el equipo onubense en Sevilla, donde lograron ascender de categoría y llegar a ganar la liga. También jugó torneos en Andalucía y Portugal, compartiendo pista con jugadores de gran nivel. Uno de ellos, el memorable José García Requena. Recuerda especialmente una remontada épica contra un rival de Cádiz. La eliminatoria se decidía en su partido. Y Jacinto no defraudó gracias a su "amor propio": perdió el primer set, iba 5-2 abajo en el segundo y logró darle la vuelta al partido. "Se lo remonté y le gané en el tie-break. Fue el más emocionante de mi vida", afirma.
Su mentalidad fue siempre su mayor fortaleza. "Yo no daba una bola por perdida", asegura. Incluso en situaciones límite, se repetía a sí mismo que el rival aún tenía que ganarle el último punto. Esa solidez psicológica, unida a su capacidad física, le permitió -y le sigue permitiendo- competir durante décadas, muchas veces frente a jugadores más jóvenes que lo subestimaban.
Uno de los episodios que mejor lo definen ocurrió durante una Copa del Rey disputada en
Huelva. Uno de los jugadores de aquella edición, de apellido Frexas y al que le triplicaba la edad, necesitaba entrenar. Jacinto, que se encontraba en el club como todas las mañanas, aceptó el reto… y le ganó el partido a un set. "No es que se dejara, es que no entendía mi juego. Era impredecible, para él fue una sorpresa", dice con una sonrisa.
Nunca fue un jugador técnico en el sentido clásico. De hecho, reconoce que cuando se vio en vídeo no le gustó su estilo. "Una vez me grabaron y borré el vídeo. Me sentía ridículo". No obstante, esa manera "poco ortodoxa" de jugar resultaba efectiva. Entre sus cualidades destacan una derecha potente, una lectura del juego intuitiva y su capacidad para mantener la calma. "Jugaba relajado, y eso marca la diferencia", insiste.
La edad nunca fue un freno. Apenas ha sufrido lesiones desde que comenzó a jugar a tenis, algo que atribuye tanto a la suerte como a su disciplina. No fue hasta después de los 80 cuando empezó a reducir la exigencia, pasándose al dobles por recomendación familiar. "Mi mujer ya a partir de los 80 me decía que tuviera cuidado. Y con razón". Aun así, siguió compitiendo en torneos locales, llegando incluso a finales frente a jugadores mucho más jóvenes.